El Salón del Trono se ha convertido en una arena de ejecución lenta, donde todos contienen el aliento, esperando que Magnar la ejecute.
Lía se pone de pie y permanece de pie en el centro, rodeada por el círculo de acusadores, pero su mente está en otra parte. Sus manos protegen su vientre de forma casi imperceptible, una barrera frágil contra el odio que la rodea.
—¿Admites haber conspirado con el guardia Gover para usurpar el trono? —pregunta el Anciano, su voz resonando como un mazo.
Silencio