Capítulo29
Su aspecto era rudo y áspero, con una dureza que resultaba ser intimidante. Contrastaba radicalmente con los hombres refinados a los que estaba acostumbrada en Cañada Real, siempre impecables con sus camisas bien planchadas, corbatas de seda, trajes a medida y abrigos elegantes. Este hombre, con su apariencia bastante descuidada y mirada intensa, me dio la impresión inmediata de ser alguien que acababa de salir de prisión.

Instintivamente, apreté mi bolso con fuerza contra mi cuerpo, recordando
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