Su familiar aroma me sofocaba.
Me quedé paralizada hasta que su voz baja al instante resonó: —¿Tanto te importa él ahora?
Mis dedos se crisparon; antes yo me preocupaba así por él.
Le avisaba incluso cuando iba a comer con Paula, pero a él en realidad eso no le importaba.
Ahora que mi preocupación era por otro, se enojaba y me cuestionaba.
—Claro, ¿cómo no me va a importar mi hombre? —lo miré con indiferencia a los ojos.
También sabía ser cruel.
Aunque Carlos y yo nos habíamos distanciado, no si