—El señor Carlos dice que tienes la voz ronca y mandó enseguida a preparar esto a medianoche. Todavía está caliente —dijo Diego, colocando una pera asada en mi mano.
Mi palma de inmediato se calentó, sujetando la bolsa con la pera, y bajé la mirada.
Diego ya había arrancado el auto. —Señorita Moreno, ¿la llevo a Villa Oeste?
Villa Oeste era el nombre de mi conjunto residencial actual.
Diego me lo preguntaba de forma tan directa que al instante comprendí por qué Carlos había aparecido aquella noc