Capítulo 396
Gabriel me miraba con tanta debilidad que mis lágrimas empezaron a caer desbordadas.

Lo había visto de muchas formas, siempre fuerte y gallardo, pero nunca tan frágil como ahora.

—No llores, Sara... no llores —intentó por un momento levantar la mano para secarme las lágrimas.

Sujeté con dulzura su mano y me sequé las lágrimas con la ropa.

¡Un momento!

No era mi ropa, era la chaqueta de Carlos.

Me había sacado apresurada del hotel en pijama y ya en el auto me dio su chaqueta.

Quise rechazarla, pe
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