Sus palabras me intrigaban aún más, pues siempre había tenido ciertas dudas sobre el accidente.
—No hay nada más —Gabriel seguía negándolo—. No pienses mal... solo creo que deberías... concentrar tu energía... en el trabajo, en tu futuro... con Sergio.
Gabriel hablaba con más dificultad. La enfermera quiso en ese momento intervenir, pero él la detuvo con un ligero gesto. Solo pudo decir: —Un minuto más como máximo.
Conocía la gravedad de su estado y, aunque ansiaba saber la verdad, su salud era