—Nena—La voz al otro lado del teléfono era muy profunda, familiar y a la vez extraña.
Una imagen familiar cruzó de repente por mi mente y respondí casi sin pensar:
—Alejandro.
Había creído que cambiar de número me mantendría fuera del alcance definitivo de los Jiménez, pero nunca imaginé que el hermano de Carlos conocería este número, y mucho menos que me contactaría.
—Veo que guardaste con esmero mi número. No me has olvidado del todo—dijo Alejandro con un tono ligeramente burlón.
Solo dos año