En tanto, Liliana se detuvo frente a una puerta discreta. Tomó aire y golpeó suavemente. La puerta se entreabrió y entonces, Sade apareció al otro lado. El rostro que se asomó entre la luz tenue del camerino fue como un golpe que la llevó directo al pasado al reconocer aquella mirada.
Liliana dio un paso atrás, incrédula.
—¿Sade? —susurró, con la voz quebrada por la sorpresa.
Los ojos de la morena se agrandaron un instante, y luego bajó la mirada, como si aquella la presencia de Liliana rem