70. Pov Niki
Cuando llegué a casa, el atardecer teñía todo de un tono dorado que no lograba calmarme.
Apenas crucé la puerta, sentí el olor a comida recién hecha y supe que Dan estaba en la cocina.
El corazón me latía demasiado fuerte para un día que, en teoría, había sido “normal”.
Smith me había dejado en la puerta, como si nada, con ese gesto impenetrable suyo que pretendía tranquilidad. Pero yo no podía dejar de pensar en la imagen del paquete abierto, en la sangre seca, en esa nota doblada con precis