71. Pov Dan
La casa dormía.
El reloj de pared marcaba las once y cuarenta y dos cuando cerré la puerta del despacho, bajando el tono de mi voz para no despertar a Niki ni a la nena.
Encendí la lámpara del escritorio y el resplandor cálido iluminó los montones de carpetas apiladas junto al teléfono fijo. El resto era penumbra.
Marqué el número de Smith y esperé.
Una vez, dos… al tercer tono, su voz sonó al otro lado, grave y contenida.
—¿Alguna novedad? —pregunté sin rodeos.
—No muchas —respondió—. Acaba