Contando con que Alina estaba descansando, Viktor contemplaba el exterior desde la ventana de la sala de estar de su ático cuando su teléfono vibró en su bolsillo. La voz de Grison, su hombre de confianza, fría y calculadora como siempre, le transmitió la información que había estado esperando.
—Hemos encontrado una pista. El hombre que ordenó el secuestro de Alina dejó un rastro. Es hora de actuar.
La noticia lo estremeció. Sus músculos se tensaron y su mandíbula se endureció. No podía permiti