Esperar a que ella se durmiera y decidir qué hacer con su vida fue una de las decisiones más difíciles que había tomado. Se quedó allí, inmóvil, observándola mientras la respiración pausada de Alina llenaba la habitación. Su pecho subía y bajaba con delicadeza, y su rostro, antes tenso, ahora irradiaba una paz que parecía ajena al caos en el que ambos estaban sumergidos.
Ella dormía con la inocencia de quien ignora el peligro, como si su mente hubiera olvidado, aunque fuera por unas horas, la s