Alina observó el festín que tenía delante con una expresión impenetrable, aunque en su interior se libraba una batalla de emociones encontradas.
—Espero te guste todo lo que mandé a preparar —dijo Viktor con un tono de voz sutil, casi gentil.
Ella levantó la mirada, encontrándose con sus ojos fríos, expectantes.
«¿Y cómo sabes cuáles son mis gustos?» cuestionó en su mente, pero su boca permaneció sellada.
Aprendió rápido que sus objeciones no hacían más que alimentar su placer por el control.