Alina despertó con la mente nublada, atrapada entre la bruma del placer reciente y la realidad inquietante que se desplegaba ante ella. A su lado, Viktor dormía profundamente, con el cuerpo entrelazado al suyo en una prisión de carne y deseo. Su respiración era pausada, pesada, como la de un conquistador que descansa satisfecho tras haber reclamado lo que considera suyo, al haber saciado una necesidad instintiva que lo definía. Aun en el letargo del sueño, sus brazos la rodeaban con firmeza, po