“Entre Zafiros y Rubíes”
—¡Oye! —caminando como pingüino me le acerco—. ¡Oye Judas cabrón te estoy hablando!
Su impresionante figura se da la vuelta y mis ancas de pato se traban al querer dar otro paso sin haber puesto atención a mi andar.
—No estoy sordo —sube el cierre de su traje de buceo y trago saliva; el agua se acumula en mi boca y en otras partes de mi cuerpo al repararlo.
—Y yo estoy muy incómoda —suelto.
Esto es demasiado apretado, difícil de manejar y con el oxígeno en mi espalda ta