Inclino la cabeza levantando mis dos cejas y lo miro haciéndome la desentendida.
—¡Ay, pero qué pesar con usted! —me enderezo en mi silla y dándole la espalda tomo un puñado del mix que me acercan.
Llevo a mi boca rebanadas de banana crujientes, castañas, piña abrillantada y uvas pasa.
—Esto está delicioso —comento a mis compañeros de mesa.
—Te estoy hablando —sisea acercándose a mi oreja—. No te hagas la imbécil.
Sacudo la mano, ignorando por completo a Judas.
—Definitivamente yo no conozco a