Mundo ficciónIniciar sesiónEra exactamente lo opuesto a lo que esperaban escuchar. Esperaban súplicas, promesas vacías.
Pero lo que recibieron fue un ultimátum.
—En otras palabras —continuó Luca, con una expresión imperturbable—, no necesito convencerlos de quedarse. Ustedes necesitan convencerme de que todavía tienen un lugar en este proyecto.
El impacto fue inmediato.
Franco Belmonte ajustó su corbata, incómodo.
Sandro Vieri tamborileó los dedos sobre la mesa, pensativo.
Luigi Corazza, el más escéptico, lo miró con el ceño fruncido.
—¿Y qué nos garantiza que realmente vas a lograrlo?
Luca no parpadeó.
—Que soy un Moretti.
El peso de su apellido cayó sobre la mesa como un martillo.
Todos sabían lo que significaba. Los Moretti no apostaban para perder.
El primero en reaccionar fue Franco Belmonte.
Se inclinó hacia adelante, con los ojos afilados.
—Si Vittoria de verdad regresa a la Serie A… quiero mi logo en su camiseta.
Luca sonrió.
—Si te quedas, lo tendrás.
Los demás comenzaron a murmurar entre ellos. El miedo a perder lo que podría ser una gran oportunidad comenzó a trabajar en sus mentes.
Y así, Luca los tenía exactamente donde quería.
Silvia, que había observado todo en silencio desde un rincón de la sala, apenas pudo ocultar su sonrisa.
Cuando salieron de la reunión, Adriano lo esperaba afuera.
—¿Cómo salió?
Luca se pasó una mano por la chaqueta con tranquilidad.
—Van a quedarse.
Adriano arqueó una ceja.
—¿Cómo lo sabes?
Luca sonrió.
—Porque los hice creer que ya los había reemplazado.
Adriano rió entre dientes.
—Eres más hijo de nuestro padre de lo que crees.
Luca miró hacia el estadio vacío.
No.
No era como su padre.
Era mejor.
Los días previos a la pretemporada estuvieron cargados de trabajo. Luca había pasado las últimas jornadas asegurando las inversiones, reorganizando la estructura del club y preparando el terreno para la llegada de nuevos fichajes. Pero había algo que aún pesaba sobre Vittoria como una sombra imposible de ignorar: la deuda del club.
Era momento de enfrentarse a ello.
Por eso, aquella mañana convocó a una reunión con la directiva ejecutiva en la sala de conferencias del estadio. Allí se decidiría el futuro financiero del club.
Adriano lo acompañó, aunque Luca ya sabía que su hermano no tenía paciencia para los “burócratas del fútbol”. Y, honestamente, tampoco esperaba que la tuviera.
Silvia ya había preparado la sala cuando entraron. Alrededor de la mesa estaban sentados los hombres y mujeres que manejaban el club en el papel.
Giancarlo Riva, el presidente ejecutivo, de sesenta y cinco años, con su porte serio y gesto controlado. Un hombre que había visto demasiados presidentes de club venir e irse.
Paolo De Santis, el director financiero, con sus gafas y su actitud siempre analítica. Para él, todo se reducía a números.
Lorenzo Bianchi, el director de operaciones, más relajado en su postura, aunque con el ceño fruncido. Sabía que los cambios venían y que no podía hacer nada para detenerlos.
Angela Ferraro, la directora de comunicación, con su elegante traje negro y su mirada calculadora. Era la única que parecía realmente interesada en escuchar lo que Luca tenía que decir.
Y, junto a Luca, Isabella Marchetti.
—Gracias por venir —dijo Luca, tomando asiento en la cabecera de la mesa. Su tono era neutro, pero su expresión hablaba de negocios serios.
Los ejecutivos le devolvieron miradas atentas, aunque algunos con evidente escepticismo.
—Antes de empezar —continuó, mirando a Isabella—, quiero presentarles a alguien. Isabella Marchetti se unirá a la directiva como parte de nuestra reestructuración financiera.
Isabella cruzó las piernas y sonrió con la confianza de quien no necesita aprobación.
—Un placer conocerlos.
Paolo De Santis la miró con ligera desconfianza.
—¿Parte de la reestructuración?
Adriano resopló y se inclinó sobre la mesa.
—Sí, porque, claramente, ustedes han hecho un trabajo brillante manejando el dinero del club.
Hubo un breve silencio tenso.
Luca ignoró la frialdad de la sala y tomó los documentos que Silvia había dejado preparados.
—Vamos directo al punto. La deuda de Vittoria es de 24 millones de euros.
—Sí, ya lo sabemos —intervino Lorenzo Bianchi—. Pero estamos trabajando en estrategias para refinanciarla.
—No me interesa refinanciarla —cortó Luca—. Me interesa eliminarla.
Paolo De Santis dejó sus papeles sobre la mesa y lo miró con seriedad.
—Con todo respeto, Moretti, la deuda del club no es algo que pueda desaparecer de la noche a la mañana.
Adriano se echó hacia atrás en su silla con una risa sarcástica.
—No desaparece porque ustedes han estado chupándole la sangre al club por años.
Todos se giraron hacia él, incómodos.
—A ver, explíquenme algo —continuó Adriano, señalando la carpeta de Paolo—. ¿Cómo es posible que Vittoria tenga una deuda de 24 millones si no han invertido un carajo en fichajes, en infraestructura o en marketing en los últimos años?
Giancarlo Riva se aclaró la garganta, intentando mantener el control de la conversación.
—La situación financiera del club ha sido complicada desde el descenso. Tuvimos que mantener los costos de operación y…
—Y en lugar de buscar soluciones, se quedaron sentados viendo cómo el equipo se hundía —interrumpió Adriano, golpeando la mesa con la palma de la mano—. Lo único que hicieron fue asegurar sus propios sueldos mientras Vittoria se desmoronaba.
Paolo entrecerró los ojos.
—Si insinúas que…
—No estoy insinuando nada —lo interrumpió Adriano con dureza—. Estoy diciendo la verdad.
El silencio era denso.
Luca tomó la palabra antes de que las cosas se descontrolaran más.
—No vine aquí para buscar culpables —dijo con calma—. Vine para arreglar esto.
Abrió la carpeta y deslizó algunos documentos sobre la mesa.
—Tenemos tres opciones:
Cortamos gastos innecesarios. Y eso significa eliminación de sueldos inflados y contratos sin sentido.
Reestructuramos el club desde adentro. Eso incluye revisión de patrocinios, optimización de recursos y una gestión más eficiente de la plantilla.
Vendemos activos y buscamos capital externo.
Paolo frunció el ceño.
—¿Capital externo?
Isabella intervino con su tono tranquilo pero afilado.
—Eso significa atraer inversión privada y modernizar la manera en que Vittoria genera ingresos.
Angela Ferraro, que había estado escuchando en silencio, finalmente habló.
—Si vamos a hacer esto, necesitamos asegurarnos de que la afición entienda el proyecto. Ellos no quieren solo números, quieren esperanza.
Luca la miró y asintió.
—Por eso la comunicación será clave. Vittoria no puede seguir siendo un club que sobrevive, tiene que ser un club que construye.
Riva suspiró y se recostó en su silla.
—Son decisiones radicales.
Adriano soltó una carcajada.
—¿Y qué esperaban? ¿Qué siguiéramos haciendo lo mismo que ustedes?
Paolo respiró hondo, claramente irritado.
—Muy bien. Si quieren cambios, entonces qué proponen exactamente.
Luca deslizó otro documento sobre la mesa.
—Para empezar, cortes de sueldos en la directiva y eliminación de contratos administrativos innecesarios.
Riva frunció el ceño.
—¿Estás pidiendo que recortemos personal?
Adriano sonrió con ironía.
—No. Estamos pidiendo que dejen de pagarle a gente que no hace nada.
Lorenzo Bianchi intervino con una nota de preocupación.
—Si reducimos personal en las áreas administrativas, el club podría verse afectado en su organización interna.
Luca sostuvo su mirada.
—Por eso vamos a reemplazar a los ineficientes con gente que de verdad quiera que Vittoria crezca.
Angela Ferraro se cruzó de brazos, evaluando la situación.
—Si vamos a hacer esto, debemos manejarlo con cuidado. La prensa no debe verlo como un colapso, sino como una reestructuración necesaria.
Isabella sonrió con satisfacción.
—Exactamente.
Luca exhaló y miró a cada uno de los presentes.
—Esta es la única manera en que Vittoria volverá a ser grande.
Se hizo un silencio.
Finalmente, Riva asintió con resignación.
—Está bien. Hagámoslo.
Paolo De Santis miró los documentos con gesto tenso.
—Espero que sepas lo que estás haciendo, Moretti.
Luca se inclinó levemente hacia adelante.
—Lo sé. Y si ustedes no pueden adaptarse a lo que viene, mejor que se hagan a un lado.
Y con eso, el primer golpe al viejo Vittoria había sido dado.







