Mundo ficciónIniciar sesiónMinutos después, Isabella Marchetti apareció.
Vestida con un traje elegante, con la misma seguridad que siempre había tenido. Se sentó sin pedir permiso, cruzó las piernas y miró a Luca con una ligera sonrisa.
—No me habías dicho que este sería un evento social.
—Quería que fuera una sorpresa.
—Bien. Entonces sorpréndeme.
Luca tomó aire y comenzó.
—Vittoria no es solo un club de fútbol. Es una marca que está esperando ser reconstruida. Tiene historia, tiene identidad y tiene una afición que está hambrienta de algo real.
Hizo una pausa, observando sus reacciones.
—Lo que les propongo es simple: invertir en el renacimiento de un club que tiene potencial para regresar a la élite. Con la estrategia correcta, podemos convertir a Vittoria en un equipo sostenible, competitivo y rentable.
Federico Arzani fue el primero en hablar.
—Suena bien en papel, pero ¿cuál es el plan realista para hacer esto rentable?
Luca asintió.
—Primero, reconstrucción deportiva. Estamos analizando fichajes estratégicos para fortalecer el equipo sin comprometer las finanzas. Segundo, modernización del club. Queremos atraer patrocinadores nuevos y mejorar nuestras instalaciones. Tercero, expansión de marca. Queremos llevar a Vittoria al mercado digital y maximizar ingresos fuera del campo.
Giorgio Mancini entrelazó los dedos.
—El problema con invertir en fútbol es que dependes de los resultados en la cancha. ¿Y si Vittoria no sube?
Antes de que Luca pudiera responder, Isabella habló.
—Si inviertes en un club pensando solo en los resultados inmediatos, nunca vas a ganar dinero.
Todos la miraron.
Ella sonrió levemente y apoyó un codo en la mesa.
—Los clubes que funcionan bien no dependen solo de la clasificación. Se enfocan en explotar su marca. Merchandising, contenido digital, alianzas comerciales, academias juveniles. No necesitas estar en la Serie A para generar ingresos.
Federico la observó con más interés.
—Tienes razón. Pero eso requiere una gestión impecable.
Isabella giró la cabeza hacia Luca.
—Por eso, si invierto en Vittoria, quiero ser parte del consejo directivo.
Luca la miró con sorpresa.
—¿Quieres un puesto en la directiva?
—Sí. Quiero tomar decisiones, no solo poner dinero.
Hubo un breve silencio.
Adriano, que hasta ese momento había observado en silencio, finalmente habló.
—Si eso significa que vas a pelear por el club como nosotros, a mí me parece justo.
Luca respiró hondo y miró a Isabella.
—Bien. Entonces estás dentro.
Ella sonrió, satisfecha.
Federico y Giorgio intercambiaron miradas antes de asentir.
—Si ella apuesta por esto, yo también lo haré —dijo Federico.
—Y yo —añadió Giorgio—. Pero quiero ver progresos antes de comprometer más capital.
Luca asintió.
—Van a verlos.
La reunión terminó con apretones de mano y acuerdos preliminares.
Cuando todos se marcharon, Luca se quedó en la sala junto a Adriano.
Su hermano lo miró con una expresión que mezclaba aprobación y diversión.
—¿Te das cuenta de que acabas de meter a tu ex en la directiva?
Luca suspiró.
—Sí. Y no sé si fue la mejor o la peor idea que tuve.
Adriano sonrió.
—Supongo que lo descubriremos pronto.
Y con eso, el primer gran paso para cambiar el futuro de Vittoria estaba dado.
El eco de los últimos pasos de los inversionistas que acababan de salir aún resonaba en la sala cuando Silvia se asomó por la puerta.
—Los patrocinadores están listos, Luca.
Luca no se levantó de inmediato. Permaneció sentado, observando el campo vacío a través del ventanal. Desde allí, podía imaginar las gradas repletas, los cánticos resonando como un rugido ensordecedor. Vittoria había sido grande una vez. Y lo sería de nuevo.
Pero no gracias a esos hombres que esperaban en la otra sala.
No gracias a sus dudas ni a sus cálculos fríos sobre pérdidas y ganancias.
Luca entrecerró los ojos. Hoy no iba a pedirles nada.
Se puso de pie con calma, acomodó su chaqueta y caminó hacia la sala de conferencias con una expresión imperturbable. Silvia lo siguió de cerca, notando el cambio en su actitud.
—¿Vas a intentar convencerlos?
Luca sonrió de lado, con una seguridad afilada.
—No. Voy a hacer que se convenzan solos.
Silvia entendió en ese instante. Psicología inversa.
No los iba a persuadir con promesas, sino con algo más poderoso: el miedo a perder una oportunidad.
Cuando Luca entró en la sala, sintió la tensión en el ambiente.
Los patrocinadores estaban sentados en una mesa larga, vestidos con sus trajes caros, cada uno con una carpeta frente a ellos. Nombres conocidos en el mundo empresarial, hombres que durante años habían visto a Vittoria como un simple activo, algo de lo que podían aprovecharse sin preocuparse demasiado por su destino.
Franco Belmonte, dueño de una de las mayores marcas de ropa deportiva de Italia.
Sandro Vieri, presidente de una cadena de supermercados que había tenido su logo en la camiseta del equipo por más de cinco años.Luigi Corazza, inversor en bienes raíces con participaciones en clubes de segunda división.
Matteo Ruggeri, representante de una aerolínea que había patrocinado a Vittoria en su última temporada en Serie A.Todos ellos creían que Luca estaba allí para convencerlos de quedarse.
Se equivocaban.
Luca caminó lentamente hacia su asiento en la cabecera de la mesa. No los saludó de inmediato. No les agradeció por venir, ni les ofreció café.
Se sentó. Guardó silencio.
Los observó.
Uno a uno.
Los dejó esperar.
Los dejó sentirse incómodos.
La confianza que traían al llegar empezó a resquebrajarse.
Finalmente, Franco Belmonte carraspeó y habló primero.
—Bien, Luca, supongo que estamos aquí para discutir el futuro del patrocinio con Vittoria.
Luca inclinó levemente la cabeza.
—No.
Un murmullo recorrió la mesa.
Sandro Vieri frunció el ceño.
—¿Perdón?
Luca entrelazó los dedos sobre la mesa con una calma absoluta.
—No los llamé aquí para discutir sus contratos.
Dejó que sus palabras flotaran en el aire unos segundos antes de continuar.
—En realidad, no los llamé en absoluto. Fueron ustedes quienes pidieron esta reunión.
Los inversionistas intercambiaron miradas incómodas. Esperaban que él viniera a rogarles.
Pero Luca Moretti no rogaba.
No era el niño desesperado que su familia siempre había visto.
No.
Era un Moretti.
Y en los negocios, los Moretti no pedían. Decidían.
—Hablemos con honestidad —prosiguió Luca, con un tono que parecía casi aburrido
Todos ustedes han patrocinado a Vittoria durante años. No porque crean en este club, sino porque les ha convenido. Mientras Vittoria les ofreciera visibilidad, ustedes seguían aquí. Cuando dejó de ser rentable, comenzaron a dudar.
Matteo Ruggeri frunció los labios.
—Luca, el fútbol es un negocio. No podemos invertir en algo que no tiene garantías.
Luca apoyó un codo en la mesa y lo miró directamente a los ojos.
—Exactamente.
Matteo parpadeó.
—¿Perdón?
—Que el fútbol es un negocio. Y por eso mismo, ustedes no pueden darse el lujo de quedarse fuera de algo grande.
Ahora tenía su atención.
Luca se reclinó en su asiento, proyectando una confianza impenetrable.
—Sé que muchos de ustedes ya están pensando en reducir su inversión o en retirarse por completo. Lo que no han considerado es lo que perderán si lo hacen.
—¿Y qué perderemos? —preguntó Luigi Corazza con escepticismo.
Luca sonrió con la frialdad de un jugador que estaba a punto de hacer su mejor movimiento.
—Influencia.
Dejó que la palabra se asentara.
—Vittoria ya no es el club sin rumbo que conocían. Estamos reconstruyéndonos. Vamos a traer nuevos inversores, nuevos jugadores, nuevos proyectos. Y cuando Vittoria vuelva a estar en la Serie A, los patrocinadores que se quedaron con nosotros desde el inicio serán los que cosechen los beneficios.
<<Silencio.>>
Luca se inclinó hacia adelante.
—Pero aquellos que duden, aquellos que esperen a ver qué pasa antes de comprometerse, serán reemplazados.
Sus palabras fueron un golpe seco.







