Mundo ficciónIniciar sesiónLos días siguientes fueron un torbellino de cambios.
Tal como lo habían planeado, uno por uno, los miembros de la vieja directiva dimitieron. Giancarlo Riva fue el primero en irse, alegando problemas personales, aunque todos sabían que simplemente quería evitar un escándalo. Paolo De Santis intentó resistirse, pero cuando los rumores de una auditoría interna comenzaron a circular en la prensa, renunció sin más explicaciones. Lorenzo Bianchi y Angela Ferraro lo siguieron poco después, sin hacer demasiado ruido.
Era el final de una era de corrupción y mediocridad para Vittoria.
Y el inicio de algo mucho más grande.
Con los antiguos directivos fuera, era hora de formar un nuevo equipo. Isabella tomó uno de los puestos clave en la directiva, lo que significaba que no solo manejaría la parte estratégica del club, sino que también tendría una voz en las decisiones importantes.
Por otro lado, Adriano no perdió tiempo.
Llamó a varios contactos, exfutbolistas, empresarios y figuras de la élite, ofreciéndoles la oportunidad de ser parte del resurgimiento de Vittoria. No solo como consejeros, sino como inversores.
Matteo Bernardi, un exjugador con experiencia en la Serie A, aceptó formar parte del consejo y aportó capital para mejorar las instalaciones deportivas.
Enrico Lombardi, un magnate del sector hotelero, invirtió en el club a cambio de futuras alianzas comerciales.
Fabrizio Conti, empresario de la industria automotriz, compró activos del club y aseguró un patrocinio para los próximos tres años.
Cada nuevo miembro traía no solo dinero, sino también influencia y estabilidad.
Con la estructura financiera asegurada, Luca convocó a una rueda de prensa para hacer oficial la transformación del club.
El evento se realizó en una sala del estadio, con decenas de periodistas y cámaras listas para captar el mensaje.
Luca tomó asiento en la mesa principal, con Isabella y Adriano a su lado.
—Durante años, el A.S. Vittoria ha sido un club con historia, pero sin rumbo. Eso cambia hoy.
Los flashes de las cámaras iluminaron la sala.
—Hemos reestructurado la directiva, asegurado nuevas inversiones y comenzado un proyecto serio para devolverle a Vittoria su lugar en el fútbol italiano. Ya no somos un equipo que sobrevive. Somos un equipo que crece.
Las preguntas no tardaron en llegar.
"¿Qué cambios veremos en el equipo?"
"¿Se vienen nuevos fichajes?"
"¿Qué pasa con los jugadores que no han rendido?"
Luca miró a los periodistas con calma.
—Las decisiones deportivas serán tomadas por nuestro cuerpo técnico y nuestra nueva directiva. Pero puedo decirles algo: nadie que no esté comprometido con este proyecto seguirá en Vittoria.
La frase retumbó en los titulares al día siguiente.
Reunión con la Nueva Directiva
Días después de la conferencia, Luca convocó a los nuevos directivos para establecer los lineamientos de su trabajo.
La reunión se llevó a cabo en una de las oficinas remodeladas del estadio.
—Bienvenidos —dijo Luca, observando a los presentes—. No estamos aquí solo para ocupar cargos. Estamos aquí para construir algo real.
Adriano tomó la palabra.
—La primera fase es simple: asegurar que Vittoria sea un club económicamente estable y competitivo. Eso significa control financiero, gestión eficiente y un equipo que refleje nuestros valores.
Isabella revisó algunos documentos y miró a Luca.
—Por eso debemos ser claros en lo que se espera de cada uno. No queremos una directiva decorativa. Todos aquí tienen un rol clave.
Uno a uno, se fueron estableciendo las responsabilidades.
Isabella Marchetti: Manejo de inversiones y estrategias comerciales. Matteo Bernardi: Desarrollo deportivo y apoyo al equipo técnico.
Enrico Lombardi: Relaciones públicas y expansión de la marca Vittoria. Fabrizio Conti: Infraestructura y patrocinadores estratégicos.
Cuando la reunión terminó, Luca se quedó en la oficina con Adriano e Isabella.
Isabella cerró su carpeta y se apoyó en la mesa.
—Ahora que tenemos el club bajo control, tenemos que hablar de la plantilla.
Adriano cruzó los brazos.
—¿Qué pasa con la plantilla?
—Rafa de Souza —respondió Isabella sin rodeos—. No confío en su rendimiento.
Luca se pasó una mano por la barbilla.
—Pensé que habíamos decidido darle una oportunidad.
—Le dimos —respondió Isabella—. Y no ha demostrado nada.
Adriano resopló.
—Lo sabía. Siempre ha sido un problema.
—Exacto. Y no podemos darnos el lujo de tener jugadores con actitudes problemáticas. Si queremos crecer, necesitamos gente comprometida.
Luca asintió lentamente.
—Entonces lo vendemos.
Adriano sonrió.
—Ya tengo un par de clubes interesados en él. No sacaremos una fortuna, pero nos libramos de un problema.
Isabella inclinó la cabeza.
—Bien. Además, el entrenador me envió una lista de jugadores que quiere fuera. Y en paralelo, Adriano tiene fichajes en la mira.
Adriano sacó su teléfono y deslizó una lista en la mesa.
—Tengo tres jugadores que pueden marcar la diferencia en la Serie B. Jóvenes, talentosos y con hambre de crecer.
Luca tomó la lista y la estudió.
—Hagámoslo. Pero antes, quiero que Bellucci nos dé su aprobación final.
Adriano rodó los ojos.
—No nos va a hacer la vida fácil.
—No espero que lo haga —dijo Luca con una leve sonrisa—. Pero no nos importa lo que le guste o no. Nosotros mandamos aquí.
Isabella se cruzó de brazos y sonrió.
—Me gusta cómo suena eso.
Y así, el futuro de Vittoria comenzó a tomar forma.
El club ya no estaba en manos de corruptos. Ahora, estaba en manos de visionarios.
Después de la limpieza en la directiva, era evidente que Vittoria necesitaba una estructura de mando clara. No podía seguir operando como un club desordenado, donde cada área trabajaba de manera independiente.
Luca, Adriano e Isabella sabían que debían establecer un modelo de liderazgo sólido, uno que no solo permitiera la toma de decisiones, sino que también asegurara estabilidad a largo plazo.
Por eso, en la siguiente reunión, Luca planteó el tema abiertamente.
—Hemos eliminado a la antigua directiva, pero no podemos dejar un vacío de poder. Vittoria necesita una jerarquía clara.
Adriano, que revisaba algunos documentos, asintió.
—Estamos de acuerdo. Pero la pregunta es: ¿cómo distribuimos el control?
Isabella entrelazó los dedos y miró a Luca con interés.
—Yo sé lo que estás pensando. Un presidente ejecutivo.
Luca apoyó los codos en la mesa.
—Exacto. No puedo estar metido en cada detalle del club. Necesitamos a alguien que maneje la operativa del día a día, que supervise la gestión administrativa y represente a Vittoria en la liga.
Matteo Bernardi, el exjugador que ahora formaba parte del consejo, habló por primera vez en la reunión.
—¿Ese alguien serás tú?
Luca negó con la cabeza.
—No. Mi rol es como dueño y cabeza del proyecto. No quiero un puesto administrativo. Quiero enfocarme en la visión del club, en las grandes decisiones y en los acuerdos estratégicos.
Adriano se apoyó en su asiento y sonrió con burla.
—Lo que Luca quiere decir es que necesitamos un tipo que haga el trabajo sucio por él.
Isabella rodó los ojos.
—Es lo lógico. Un presidente ejecutivo manejaría la estructura interna del club, y nosotros como consejo tomaríamos las decisiones de alto nivel.
Fabrizio Conti, otro de los inversionistas en el consejo, intervino.
—¿Y quién tiene en mente para ese puesto?
Luca se recargó en la mesa y dejó salir un leve suspiro.
—Marco Moretti.
El silencio se hizo en la sala.
Adriano levantó una ceja.
—¿Marco?
—Es el más calificado —respondió Luca—. Maneja las finanzas de la familia, tiene contactos en todos los sectores, y lo más importante: entiende cómo funciona un negocio.
Isabella cruzó los brazos.
—Pero, ¿Marco querría un puesto así?
Adriano soltó una carcajada.
—Marco no mueve un dedo sin un buen incentivo.
Luca sonrió.
—Por eso voy a ofrecérselo como un proyecto financiero. Marco no es un hombre del fútbol, pero si le demuestro que esto es un negocio rentable, lo considerará.
Matteo Bernardi asintió.
—Si Marco acepta, nos daría estabilidad económica y credibilidad. Nadie cuestionaría nuestras finanzas con él al mando.
Luca miró a su hermano mayor y le dio una sonrisa confiada.
—Voy a llamarlo.
Luego de varios días de conversaciones, Marco Moretti aceptó el puesto de presidente ejecutivo de Vittoria, con la condición de que tuviera autonomía en la gestión financiera y operativa.
Así, la nueva estructura del club quedó definida:
Luca Moretti – Dueño y Presidente del Consejo
Encargado de la visión del club, estrategia a largo plazo y acuerdos comerciales.
Marco Moretti – Presidente Ejecutivo
Encargado de la gestión administrativa, operativa y financiera del club.
Adriano Moretti – Director Deportivo
Encargado de la planificación deportiva, fichajes y estructura del equipo.
Isabella Marchetti – Directora de Estrategia y Negocios
Maneja la expansión comercial del club, la relación con inversionistas y la marca Vittoria.
Matteo Bernardi – Consejero Deportivo
Exjugador que asesora en la parte futbolística y trabaja con el cuerpo técnico.
Enrico Lombardi – Consejero de Relaciones Públicas
Encargado de la imagen del club y su posicionamiento mediático.
Fabrizio Conti – Consejero de Infraestructura y Patrocinios
Supervisa las inversiones en el estadio, instalaciones y acuerdos comerciales.
Con este modelo, Vittoria ya no era un club dirigido por gente sin experiencia.
Era un club con estructura, con poder y con una visión clara.
Y con eso, el resurgimiento de Vittoria estaba oficialmente en marcha.







