En el vestuario, el ambiente era una mezcla de euforia y agotamiento. Bellucci entró después de haber atendido a la prensa, con su rostro serio de siempre.
—Felicidades —dijo, con su tono seco habitual—. Ahora olvídense de esto. En tres días volvemos a jugar.
Hubo algunas risas, pero nadie dudaba que hablaba en serio.
Samuel Núñez, Thiago Duarte y Elliot Harris fueron los más felicitados por sus compañeros. El español, con la camiseta empapada en sudor, sonrió al recibir una palmada en la espalda de uno de los veteranos.
—Bienvenido al fútbol real —le dijo con una sonrisa.
Mientras los jugadores disfrutaban del momento, Luca observaba todo desde el túnel. No solía bajar al vestuario después de los partidos, pero esta vez se permitió disfrutar un poco. No tanto por la victoria en sí, sino por lo que significaba: Vittoria estaba aprendiendo a competir.
Sin embargo, su noche no terminaba ahí.
Al día siguiente, Luca se encontró en una lujosa sala de reuniones en Milán, rodeado de o