Tomó su teléfono y comenzó a moverse. Si su padre había decidido que los Moretti apoyarían a los Romanos, entonces él se aseguraría de que su club estuviera lejos de todo ese caos
Marcó el número de Silvia.
Tardó unos segundos en responder.
—¿Presidente? ¿Sabe qué hora es?
Luca ignoró la pregunta.
—Necesito que te encargues de reforzar la seguridad del club. No quiero que nadie entre ni salga sin ser verificado. No importa si son jugadores, cuerpo técnico o empleados administrativos. Todos pasan por control.
Silvia guardó silencio un momento.
—¿Hay alguna razón en especial para esto?
Luca apretó la mandíbula.
—Solo hazlo.
Silvia, aunque no entendía del todo, no discutió.
—Está bien. Hablaré con el equipo de seguridad. Pero, presidente… ¿Esto tiene algo que ver con su familia?
Luca cerró los ojos por un segundo.
—Solo quiero que Vittoria esté fuera de todo esto.
Silvia suspiró al otro lado de la línea.
—De acuerdo. Me encargaré de que nadie no autorizado se acerque al cl