La espera se sintió como una muerte lenta. Daniel mantuvo los ojos fijos en su computadora, fingiendo revisar proyecciones de ganancias mientras cada célula de su cuerpo se mantenia alerta al más mínimo movimiento de Lucía.
Cinco minutos. Diez. Quince.
Y entonces sucedió.
El teléfono de Lucía vibró sobre su escritorio con un susurro casi inaudible, pero que resonó en los oídos de Daniel como un disparo. Vio cómo ella pausaba en su escritura, cómo sus dedos se deslizaban sobre la pantalla para d