Yo no soy un juguete. La declaración final golpeó con la fuerza de un trueno. Daniel vio cómo Lucía se irguió, cómo su espalda se enderezó y sus hombros se cuadraron, como si hubiera tomado una decisión que la liberara de algo que había estado cargando.
Se dio la vuelta. El movimiento fue decidido, sin hesitación, como si hubiera estado esperando este momento durante días. Abrió la puerta de su coche. El sonido del metal contra metal resonó en el parking como un disparo, final y definitivo.
Se