Las palabras de Lucía lo golpearon como una bofetada. Daniel sintió cómo algo se contraía en su pecho, como si una mano invisible le hubiera apretado el corazón hasta hacerlo sangrar. Se encogió, y el movimiento fue involuntario, como si tratara de protegerse de un golpe físico. Sus ojos oscureciéndose, y pudo sentir cómo la sangre se agolpaba en sus sienes, cómo la frustración se mezclaba con la culpa hasta crear un cóctel tóxico que le quemaba la garganta.
¿Su adicción? La palabra rebotó en s