El ascensor ejecutivo se deslizaba hacia el piso veinte y seis con la suavidad de una caricia sobre terciopelo, pero Daniel Márquez no sentía más que el martilleo de su propio pulso contra las sienes. Los números digitales cambiaban: 24... 25... 26... Cada dígito era un latido, cada latido un eco de las palabras de Lucía en el estacionamiento. "Si no me explicas quién eres realmente, me retiro de la empresa y le digo a todo el mundo quién es Daniel Márquez."
Las puertas se abrieron con un susur