Sofía la estudió con la mirada aguda de una experta en asuntos del corazón. Sus ojos recorrieron el rostro de Lucía, deteniéndose en el rubor que aún coloreaba sus mejillas, en el brillo particular de sus ojos, en la forma en que sus manos temblaban ligeramente por la adrenalina residual.
—Oh, Dios mío —murmuró, una sonrisa de comprensión iluminando su rostro—. Te ha tocado en serio, ¿verdad?
No era realmente una pregunta. Era una afirmación, el reconocimiento de una experta que identificaba lo