El momento se cristalizó como una burbuja de perfección a punto de estallar. Sus respiraciones se habían sincronizado, sus cuerpos vibraban al unísono, y el mundo se había reducido a esos centímetros de aire cargado que separaban sus labios. Lucía podía sentir el calor que irradiaba de su piel, percibir el aroma a colonia cara mezclado con algo indefiniblemente masculino que la hacía querer cerrar los ojos e inhalar profundamente.
Fue entonces cuando todo cambió.
El cuerpo de Marco se tensó con