Los teléfonos de Consolidated Global Solutions habían cobrado vida propia, transformándose en una hidra electrónica que vomitaba preguntas venenosas desde cada línea. El sonido era una sinfonía infernal: timbres que se superponían, voces que se alzaban en crescendo, el clic metálico de auriculares descolgándose con la desesperación de quien busca oxígeno en un naufragio.
La recepcionista, María José —una mujer que había sobrevivido a tres crisis financieras y dos cambios de dirección— presionab