La mentira brotó de los labios de Daniel con una fluidez que lo asustó. Algo sobre una emergencia familiar, una llamada urgente que no podía ignorar. Las palabras se derramaron como miel venenosa mientras sus ojos evitaban cuidadosamente los de Lucía, esos ojos que momentos antes había devorado con una hambre que aún pulsaba en sus venas como un veneno dulce.
¿Cuándo se había vuelto tan experto en el arte de la traición?
El aire del salón se había vuelto irrespirable, cargado con el fantasma de