Daniel había caído en el ritmo peligroso de la seducción como un pianista experto que encuentra por fin una melodía que merece ser tocada con devoción. Cada palabra que intercambiaba con Lucía era una nota cuidadosamente calibrada, cada sonrisa una frase musical diseñada para derretir las defensas de esa mujer que se había vuelto más adictiva que su propia necesidad de riesgo.
Se había alejado momentáneamente hacia la barra, no porque necesitara otra bebida, sino porque necesitaba un segundo pa