La fachada del club se alzaba ante ellas como un secreto bien guardado. Ni un solo letrero revelaba su naturaleza; solo una puerta de roble macizo y una hilera de automóviles que brillaban bajo las farolas: un Aston Martin plateado, un Mercedes negro con cristales tintados, un Ferrari rojo que parecía ronronear incluso en silencio. Los vehículos formaban una sinfonía silenciosa de poder y dinero.
Lucía tiró del dobladillo de su vestido por décima vez en los últimos cinco minutos. La seda negra