102.
CHRIS
Max llora contra mi pecho como si el mundo se le hubiera roto en las manos. Sus sollozos son desordenados, desesperados, y cada uno de ellos me atraviesa peor que cualquier grito de Sophie hace unos minutos. Le acaricio el cabello, una y otra vez, intentando ser fuerte por los dos, pero la verdad es que apenas me sostengo en pie.
—Shh… estoy acá, hijo… estoy acá —le murmuro, aunque soy yo el que necesita escucharlo.
La puerta de la sala sigue cerrada. Demasiado cerrada. Demasiado silenc