119.
SOPHIE
La ciudad se siente distinta.
No porque haya cambiado… sino porque cambié yo.
Voy en el asiento del copiloto con Love en brazos, pegada a mi pecho, y aunque el coche avanza por calles que conozco de memoria, mi corazón late como si fuera la primera vez que las veo.
Max va atrás, hablando sin parar, señalando cosas por la ventana con emoción.
—¡Mami, mira! ¡Ese es el parque!
—¡Y ahí está la heladería!
—¡Papá, ahí vendían esos panes enormes!
Chris sonríe mientras conduce, pero sus ojos se