101.
CHRIS
Empujo la puerta y el sonido suave de la cerradura al abrirse me recorre entero, como si con ese gesto estuviera sellando algo que llevaba años postergado. La casa nos recibe con un silencio tibio, de esos que no incomodan, que prometen.
Las luces se encienden poco a poco y Sophie se queda quieta en la entrada. No avanza enseguida. Sus dedos siguen aferrados a los míos, temblando.
—Chris… —susurra, y su voz se quiebra.
La miro. Está llorando sin intentar esconderlo, con esa emoción pura