Pasaron los días desde ese encuentro incómodo en el parque.
Desde que Eliana dejó que Hunter le pusiera los zapatos, su relación comenzó a crecer—despacio, como un brote que rompe la tierra después de una larga lluvia.
Hunter decidió no presionar. Cada mañana, ayudaba a Olivia a preparar el desayuno. Cuando Eliana despertaba, él simplemente le decía en voz baja, “Buenos días, Eliana,” y mantenía la distancia. Sin tocarla, sin forzar conversaciones. Pero siempre estaba ahí—detrás de escena, como