Pasada ya la medianoche, Shopia se sentó sola en el balcón de su desvencijado apartamento. Una llovizna ligera seguía cayendo sobre la ciudad, y el techo con goteras del salón había llenado el viejo balde casi hasta el borde.
Jackson no había vuelto a casa. Ya fuera porque trabajaba horas extras o simplemente la evitaba, a ella ya no le importaba. Últimamente, él había estado distante—sus ojos vacíos, su toque frío. Aquella casa—si aún podía llamarse así—hacía tiempo que había perdido todo rast