SECRETOS Y LEALTAD.
Mientras los escoltas revisaban a Enzo de arriba abajo para asegurarse de que no llevara un arsenal escondido, el silencio en el recibidor era espeso, casi ridículo. Damián y Alessandro bajaron las pistolas muy despacio, pero no le quitaban los ojos de encima, mirándolo como si estuviera completamente demente.
Damián se inclinó un poco hacia Alessandro y le murmuró por el lado de la boca:
—Este tipo no es un Ángel Negro... es un demente. Vino a meterse a la casa del patriarca a pedir la mano