Unos minutos antes del escándalo en la mansión, el vehículo de Enzo estaba estacionado a pocas calles del territorio Di Santi. Larry conducía despacio mientras Enzo miraba fijamente por la ventana, con la adrenalina corriendo por sus venas.
—Larry, busca una floristería cerca —ordenó Enzo de la nada, acomodándose los puños de la camisa blanca—. Vamos a comprar flores. Voy a ir a ver a Ángelo a su casa de una vez.
Larry casi clava los frenos del susto y lo miró por el espejo retrovisor con los o