GRASA Y LODO.
En el despacho principal de la mansión Di Santi, la luz de la tarde iluminaba el escritorio de caoba donde Angelo y Cassandra revisaban los últimos balances de la expansión corporativa. Cassandra alzó la mirada hacia su hija Bianca, quien permanecía de pie, impecable en su traje sastre color marfil, con la postura erguida de quien sabe exactamente el peso del apellido que lleva.
—Es una alianza estratégica muy importante para la línea hotelera, Bianca —explicó Cassandra con su habitual calma el