En la mansión Di Santi, el silencio de la tarde fue interrumpido por la llegada de Larius, entró arrastrando los pies, con los hombros caídos y una expresión de absoluto agotamiento. Solo quería comer algo y encerrarse a descansar; la presión de saber que la mujer que amaba iba a ser entregada a otro lo estaba volviendo loco.
Jessica, su madre, estaba en la cocina terminando de preparar el almuerzo. Al ver entrar a su hijo tan apagado y callado, la alarma de madre se le encendió de inmediato. D