Enzo no retrocedió ni un milímetro. En lugar de alejarse, llevó ambas manos al cuello de su camisa negra y desabotonó los botones frontales con una lentitud calculada, abriendo la tela por completo hacia los lados.
Luciana ahogó un suspiro.
En el centro mismo de su pecho, justo sobre el esternón y cerca de su corazón, la piel de Enzo exhibía un tatuaje impecable, grabado en tinta negra profunda: LUCIANA.
El impacto dejó a Luciana sin aliento. Se quedó completamente paralizada, con los ojos bien