El olor a aceite de motor, metal frío y gasolina inundaba el taller. Nico estaba sentado en un banquillo de madera, vestía una camiseta tirante manchada de grasa y sostenía una cerveza fría. A pesar de ser el heredero de una de las fortunas más grandes de la ciudad, odiaba el dinero fácil de sus padres. Prefería la rebeldía de su taller, el rugido de los motores y ganarse las cosas a su manera.
Deslizaba los dedos por la pantalla de su teléfono mirando las fotos de la última vez que vio su moto