El vehículo blindado se detuvo con un seco frenazo frente a la imponente entrada de la mansión, rompiendo la densa tensión que había flotado en el aire durante todo el trayecto. Dentro del habitáculo, el silencio era abrumador.
Damián apagó el motor con un movimiento brusco y se giró hacia el asiento del copiloto. Tamara lo miraba con el pecho subiendo y bajando con rapidez, el pulso desbocado y la sombra del miedo y la rabia aún reflejada en sus ojos. Ninguno de los dos se movió por unos segun