El aire entre los dos se volvió denso, casi irrespirable, cargado de una electricidad oscura y retorcida. Sebastián dio un paso más, cerrando por completo la distancia que los separaba. Su mirada recorrió los labios de Alessia con una voracidad apenas contenida, disfrutando del peligro y del juego de poder. Ladeó el rostro, buscando acortar los últimos centímetros para reclamar lo que creía suyo, levantando una mano para rozarle la mejilla con una posesividad enfermiza.
Pero en una fracción de