El presidente James Harlan se encontraba en el Despacho Oval cuando el caos estalló. Su jefe de gabinete irrumpió sin llamar, el rostro pálido como un fantasma, con una tablet en la mano.
—Señor presidente, debe ver esto ahora —dijo el hombre, pulsando play en el video que ya corría en todos los canales: CNN, Fox, MSNBC, incluso en redes sociales como un virus imparable.
Harlan tomó la tablet, sus ojos estrechándose al ver a Vega —su ex aliado, el senador corrupto que ahora era un fugitivo— ata