Victtorio entró en la sala privada de la mansión en donde Aria y Sofía esperaban sentadas en el sofá frente a la chimenea encendida. El fuego crepitaba bajo, proyectando sombras suaves en sus rostros. Aria estaba envuelta en una manta, aún débil pero con los ojos más claros que en días anteriores. Sofía tenía una taza de té entre las manos, pero no bebía; soló la sostenía como si necesitara algo que la anclara.
Victtorio se detuvo en la puerta un segundo, respirando profundo, luego entró y se s