Sofía se había mudado al apartamento que Victtorio le regaló: un lugar pequeño pero luminoso en el centro de la ciudad, con balcón a la calle y espacio suficiente para sus libros y sus sueños. Llevaba tres semanas viviendo sola, estudiando por las mañanas y trabajando medio tiempo en una galería de arte por las tardes. La paz era relativa: echaba de menos a Aria, a Marco, a la mansión… y, aunque no lo admitiera en voz alta, echaba de menos a Carter.
Carter, por su parte, había cumplido su casti