Mientras tanto, en la mansión Marchetti
La mansión estaba sumida en una tensión espesa.
Hombres armados entraban y salían de las salas de monitoreo, radios murmuraban códigos incompletos, pantallas mostraban carreteras marcadas, zonas rurales ampliadas, intentos fallidos.
Cada minuto sin Sofía era un golpe directo al pecho.
Aria permanecía de pie, rígida, las manos entrelazadas con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos
Victtorio estaba a su lado, inmóvil, con el rostro endur