La tarde había caído suavemente sobre la cabaña de la manada Luna Creciente. El murmullo del viento en los pinos se mezclaba con el crujido de la leña en la chimenea. Emili permanecía recostada sobre el costado, en la cama amplia de madera rústica. Aunque los sanadores habían asegurado que la herida sanaría pronto, todavía le dolía mover los músculos de la espalda.
La puerta se abrió y Bastian entró con Lety de la mano. Ambos llevaban expresiones de alivio al verla incorporarse un poco para rec