Mientras Alex se perdía en el bosque de números y estrategias en su habitación asignada, Claus decidió que era hora de hablar directamente con Viktor. No podía dejar que las cosas siguieran así. La situación era demasiado volátil.
A la mañana siguiente, lo encontró en el claro de entrenamiento, supervisando a su manada con una intensidad que apenas disimulaba la tensión. Viktor, con el torso desnudo y el cabello revuelto, impartía órdenes con voz firme. El sol naciente resaltaba las cicatrices